A veces es una cuestión de mirada.
Gran parte de los outfits que conforman mi clóset están hechos con ropa de segunda mano: prendas encontradas, elegidas con calma y combinadas con intención. No siguen una temporada específica ni una tendencia pasajera. Funcionan porque son reales.
Este editorial nace desde ahí: de la moda accesible, del estilo personal y de la idea de que vestirse también puede ser un acto consciente.
Comprar de segunda: una decisión con sentido
Elegir ropa de segunda mano no es solo una alternativa económica.
Es una forma de consumo más reflexiva.
Las prendas tienen historia, calidad y carácter. Muchas veces, mejores telas y confecciones que las que vemos hoy en producciones masivas. Además, permiten construir un estilo propio, lejos de la uniformidad de las tendencias rápidas.
Vestirse así es decidir menos, pero elegir mejor.
Cómo reconocer una buena prenda
Cuando compro ropa de segunda mano, busco tres cosas esenciales:
Calidad. Telas firmes, costuras bien hechas, cierres funcionales.
Versatilidad. Prendas que pueda usar en distintos contextos y combinar fácilmente.
Intención. Que al verla, ya imagine cómo integrarla a mi día a día.
Una buena prenda no necesita ser perfecta. Necesita potencial.
Outfits reales, pensados para distintos momentos
Para el día
Faldas ligeras combinadas con blusas sencillas y calzado cómodo. Looks funcionales, pensados para caminar, trabajar y vivir el día sin esfuerzo.
Para una cita
Siluetas simples, accesorios con carácter y una prenda protagonista. La clave está en el equilibrio: sentirse cómoda y segura sin perder elegancia.
Para salir con amigas
Outfits relajados, pero bien construidos. Prendas que permiten moverse, conversar y disfrutar, sin dejar de verse bien.
El styling como lenguaje
Las faldas son una de mis piezas favoritas al comprar de segunda mano. Funcionan como un lienzo.
Combinar texturas, marcar la cintura con un cinturón, equilibrar volúmenes y jugar con accesorios transforma por completo una prenda. El styling no es exceso; es dirección.
Conclusión
La moda con $10 no es una limitación, es una elección estética.
Es entender que el estilo no se compra: se construye.
Vestirse con ropa de segunda mano es una manera de mirar distinto, de consumir con conciencia y de crear una narrativa personal a través de lo que usamos.
Porque al final, la verdadera elegancia está en saber elegir.








